Era una fría mañana en otoño de 2011 en París. Aquel día nos esperaba una travesía única y poco común para los boricuas que visitamos Europa. La temperatura era formidable, 65 F.  A las 6:30am, salimos desde el centro de la ciudad Parisina hacia el sur, con destino al Valle del Loira.

Todos estábamos en silencio en la pequeña guagua que conducía un amable brasileño, radicado en la capital francesa desde hace 25 años.  Era un experto guía turístico que nos instruía con detalles específicos de la ruta y los lugares visitados.  El grupo era muy pequeño pero excelente.  El tramo nos tomó cerca de hora y media.

En el trayecto, gracias al silencio de los demás pasajeros mientras dormían, pude apreciar la belleza y frescura de los campos franceses, imágenes que serán imborrables de mi memoria.  El verdor de los campos cultivos de vides, la estética que imparte el colorido de las flores en las calles y en las afueras de las residencias, así como la disciplina y la cultura de los franceses en las calles y establecimientos comerciales, son algunas de las cosas que observé y admiré.

Llegamos al primer castillo en la agenda del día “Chateu Le Clos Lucé”, construído en el 1471.

 

Castillo Le Clos Lucé

 

 

Clos Lucé fue adquirida por el Rey Carlos VIII el 2 de julio de 1490 y fue casa de verano de los reyes de Francia por un periodo de 200 años. Fue además, la residencia del reconocido pintor italiano Leonardo Da Vinci desde 1516 hasta los últimos días de su vida luego de ser invitado a vivir allí por el propio rey Francisco I.

 

Uno de los jardines en Le Clos Lucé

Clos Lucé hoy es uno de los castillos más interesantes del Valle del Loira.  Cuenta con una amplia galería donde el turista y visitante puede apreciar varias de las magistrales obras creadas por Da Vinci.

 
Habitación de Leonardo Da Vinci en Le Clos Lucé

 

Visitamos además otro de los emblemáticos Castillos del Loira, Chenonceaux.  La belleza y la elegancia de su infraestructura y de sus jardines hacen de esta experiencia una muy refrescante y relajante.  Luego fuimos al más grande de todos estos palacios, el Castillo de Chambord. Este es uno de los más reconocidos en Europa y en el mundo por su arquitectura alusiva a la época renacentista.

 
 
Castillo de Chenonceaux

 
 
 
 
 
 
 

Entre castillo y castillo los participantes de la excursión aprovechamos el preciado momento para cultivar lazos de amistad.  Representábamos a París, Brasil, Venezuela y Puerto Rico.  Compartimos impresiones de lo que estábamos viviendo en ese momento y sobre experiencias vividas en otros viajes por el mundo.  De allí surgió una muy bonita amistad con gente muy buena con la cual aún conservo comunicación.  Ellos dominaban entre 4 a 5 idiomas y yo solo dos.  Allí mismo hice mi promesa de que mi nuevo proyecto de vida sería convertirme en al igual que ellos, multilingüe.

 

 

Cuando viajas conoces gente de todas partes del mundo y esto es fantástico.  La experiencia de un viaje es inolvidable e indescriptible para el que la vive a plenitud.  Compartir con personas de otras culturas y que por supuesto están en tu misma página de disfrutar y vivir ese momento es fascinante y una experiencia única.

Por eso siempre digo que hay que viajar porque VIAJAR ES VIVIR.

Para más información sobre este destino llama a tu agente de viajes.