Mont Saint Michel es una isla ubicada en el departamento de la Mancha en la región de la baja Normandía al oeste de Francia. Los orígenes de la estructura levantada en esta isla se remontan a los siglos VIII o IX. Se dice que en 708, un obispo de esta región habría construido este lugar de oración dedicado al arcangel San Miguel, luego de aparecércele tres ocasiones. Luego en el 1979 fue declarado patrimonio de humanidad de la UNESCO. 

 

 

  Al llegar al tope de aquella montaña, sentí una energía muy positiva y por ende, cierta conexión con ese lugar. Específicamente, en la Abadía de este concurrido sitio turístico de Normandía y uno de los primeros en Francia, sentí un torrente de energía positiva y hasta cierta paz interior.  Disfruté conmigo misma este momento. Y es que estas experiencias se viven en un plano muy personal y las disfrutamos cuando estamos en actitud de conexión, gozo y apertura. 

 

 

Previo a la fecha de este viaje, leí entre otras cosas sobre el Mont Saint-Michel. Me emocionaba la idea de que visitaría este lugar y de que estaría en su abadía, la misma que luego de la Revolución Francesa se convirtió en una prisión de los sacerdotes que se oponían a los nuevos cambios en el clero. De igual forma, ha sido inolvidable mirar a través de los cristales donde aquellos monjes de la edad media, acudían a hacer sus oraciones mientras contemplaban las aguas del mar desde aquella altura.  

 

 

 

Por supuesto, la lectura fue un elemento indispensable en la preparación de este viaje.  Hay que leer, instruirse y prepararse porque esto hace la gran diferencia en las experiencias vividas.

Cuando viajas abres tus ojos a las realidades del mundo. Además, te percatas por tus propias vivencias, de que los boricuas vivimos en una burbuja que llamamos Puerto Rico y que estos europeos, asiáticos, australianos y mediterráneos, entre otros, ven el mundo con una apertura impresionante. Y es que muchos nos creemos que el mundo gira a nuestro alrededor, pero la realidad es que estamos casi en el fondo del caldero y por encima de la tapa se está moviendo el mundo.

HAY QUE VIAJAR porque viajar es vivir, aprender y conocer las realidades de la vida y del mundo. Al final de día, podrías perder todo lo material, pero nunca, el conocimiento adquirido y las memorias inolvidables de tus viajes.

 

 

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